Si una obra de arte consta de más de dos dimensiones, debe ser recorrida y transitada para poder desvelar todas sus facetas y puntos de vista. “La escultura no se puede experimentar sin el compromiso físico del espectador, porque lo que el objeto escultórico y el sujeto humano generan es el constante cambio de distancias, el constante cambio de ángulo visual. El humano y la escultura son magnitudes constantes“. Pero no son esculturas, Mar Vicente crea una pintura tridimensional con un principio de construcción modular a la que hay que acercarse para reconocer los planos y las cualidades técnicas y materiales. Al establecerse una relación física y espacial, las obras bidimensionales mudan a la tercera dimensión; el factor movimiento que implica este cambio de perspectiva junto a los cambios inconstantes de la luz añaden otra dimensión más a estos objetos: la dimensión del tiempo. El cambio de estado, en el que la constante conocida de una contemplación estática se convierte en una variable experimentada, lleva al espectador a una cuarta dimensión.
(Barbara Oettl. La pintura como proceso reflectante y reflexivo. “Mar Vicente. Object and Painting”  
 
Mar Vicente Object and Painting