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Absceso dental

Para los ciudadanos de a pie y en un lenguaje coloquial, flemón; para los profesionales de la odontología, absceso. A fin de cuentas, infección. Una infección de caballo que consiste en una acumulación de pus bien localizada que surge a consecuencia de una infección bacteriana en alguna zona de la boca. Este tipo de afección bucal, puede producirse en diferentes zonas circundantes al diente y por distintos motivos. Para conocer más sobre este tipo de afecciones bucales, no hemos dudado en contactar con nuestros amigos de Cooldent, odontólogos de referencia que nos han explicado al detalle todo lo relativo a los abscesos dentales. 

En primer lugar, debemos saber que los abscesos pueden ser de dos tipos: periapicales o periodontales. Los primeros, se producen en la raíz, mientras que los segundos, lo hacen en la encía, justo al lado de la raíz. En este artículo, vamos a hablar detenidamente de los abscesos periapicales que se producen a consecuencia de una caries dental no tratada, una lesión o un arreglo de la pieza hecho con anterioridad. La infección resultante, se muestra con irritación e inflamación en la zona, pudiendo provocar un absceso en la punta de la raíz del diente. 

Lo primero que hará un odontólogo será tratar el absceso drenándolo y sacando la infección. Mediante un procedimiento conocido como del canal radicular, es posible salvar el diente, aunque en algunos casos, puede darse la circunstancia de que la pieza dental, deba ser extraída. Dejar un absceso dental sin tratamiento puede desencadenar complicaciones de mayor gravedad.

Para que se genere un absceso periapical, las bacterias deben introducirse en la parte más interna del diente, a través de una cavidad profunda o una grieta producida en el diente. Al entrar las bacterias, se produce la aparición de pus que acaba provocando el absceso 

Síntomas, causas y factores de riesgo asociados al absceso

Todo el mundo puede padecer un absceso dental en algún momento de su vida. Conocer los síntomas que preceden a su aparición y lo acompañan una vez se ha producido, puede ayudar a quien lo padezca a tomar las precauciones necesarias para evitar que la infección se agrave. 

Los síntomas más habituales de un flemón, son dolor de muela intenso, constante y palpitante que puede prolongarse hasta la mandíbula, el cuello o el oído. Dolor o molestia ante la ingesta de alimentos o bebidas fríos y calientes, al morder o masticar. La fiebre es uno de los síntomas que avisan de una posible infección. Observar hinchazón en la cara, mejillas e incluso el cuello, que puede producir dificultad para respirar o tragar. Los ganglios linfáticos que se encuentran bajo la mandíbula y le cuello, pueden estar inflamados y sensibles al tacto. Una infección de este tipo, puede producir mal olor en la boca e inundarse de un liquido salado con olor y gusto desagradable, al tiempo que se alivia el dolor, en caso de que el absceso sufra una rotura. 

Ante la aparición de cualquiera de estos síntomas hay que prestar atención y acudir al dentista para que trate el flemón lo antes posible. 

Dentro de las posibles causas que puedan dar como resultado el desarrollo de un absceso, se encuentran los siguientes factores de riesgo:

  • Malos hábitos y cuidados bucodentales que pueden aumentar el riesgo de padecer problemas en la cavidad bucal, entre los que se incluyen la caries, la gingivitis y los abscesos. 
  • Llevar una alimentación con un elevado contenido en azúcar ya que, como bien sabemos, la caries es resultado del consumo de este tipo de alimentos y, a su vez la caries es responsable de la aparición de abscesos. 
  • La sequedad bucal puede incrementar el riesgo de padecer caries.

Una caries sin tratar puede permitir el paso de las bacterias que invaden la pulpa dental. Esta parte del diente, es la mas profunda y el lugar donde se encuentran los vasos sanguíneos, los nervios y el tejido conectivo. Es decir, se trata de la parte viva del diente y, por lo tanto, la parte susceptible de infección. 

Si a través de una caries sin tratar, o por una grieta en el diente, se introducen las bacterias, alcanzando la raíz dentaria, la infección puede generar hinchazón e inflamación hasta el punto de crear un absceso de pus.

Los abscesos dentales no desaparecen por arte de magia. En estos casos, aunque a veces pueda parecer que se han quitado, hay que acudir al odontólogo para que lo trate y elimine de raíz el problema. Es posible que ante la rotura del absceso, desaparezca la inflamación y mejore el dolor, pero antes o después, el flemón volverá a inflamarse y generar dolor intenso. 

Si no es drenado, la infección puede extenderse hacia la mandíbula y otras zonas de la cabeza o el cuello, con las siguientes consecuencias. Cuando el absceso se produce en un diente cercano a los senos maxilares, grandes espacios bajo los ojos y tras las mejillas, puede desarrollarse una abertura entre el absceso y los senos paranasales. Llegado este punto, puede producirse una infección en la cavidad de los senos paranasales, pudiendo llegar a producirse una septicemia

Evitar un flemón es sencillo, basta con evitar la aparición de caries dentales y cuidar los dientes de la forma que recomiendan los dentistas. Cepillar los dientes al menos dos veces al día, utilizar enjuague e hilo dental, cambiar el cepillo de forma regular, visitar al dentista para hacer controles y limpiezas bucales, etc. 

Diagnóstico y tratamiento

Hacer un diagnóstico certero de un flemón, no requiere de hacer muchas e incómodas pruebas. Se trata de una dolencia muy habitual y de fácil reconocimiento, por lo que basta con examinar el diente y la zona de alrededor dando pequeños golpecitos en el diente. Cuando la pieza tiene un absceso en la raíz, suele ser muy sensible al tacto y la presión. Para asegurar el diagnóstico puede ser necesario realizar una radiografía del diente afectado, ya que la imagen proporcionada puede ayudar a identificar el absceso y su ubicación exacta, así como determinar si la infección se ha extendido a otras zonas, creando otros abscesos. En los casos de mayor gravedad, si la infección se ha extendido y comprometido otras áreas como el cuello, puede realizarse un TAC que ayude a determinar la gravedad de la infección. 

Una vez sea realizado el diagnóstico con exactitud, el objetivo del tratamiento, es eliminar la infección completamente y, si es posible, salvar el diente que se ha visto comprometido. 

El tratamiento consiste en hacer una incisión que permita drenar el absceso. Mediante un pequeño corte en el mismo absceso, se permite que drene el pus y salga hacia afuera. Posteriormente, se lava la zona con una solución salina. En algunos casos, es procedente colocar un pequeño drenaje de goma que mantenga abierta la herida y permita drenar la zona para que disminuya la hinchazón. 

Otra opción de tratamiento, es practicar un procedimiento del canal radicular. Esto puede ayudar a eliminar la infección al tiempo que se salva el diente. El procedimiento, se realiza perforando el diente y eliminando el tejido afectado, es decir, la pulpa, y drenando el flemón. Una vez hecho esto, se llena y sella el hueco de la pulpa y el canal radicular. Finalizado el procedimiento, el diente puede ser cubierto por una corona para fortalecerlo, sobre todo cuando se trata de una muela. Un buen cuidado de la pieza arreglada, puede hacer que dure toda la vida.

Extraer el diente afectado es la opción más factible cuando no puede salvarse. Sacada la pieza, el odontólogo, drenará el absceso para eliminar totalmente la infección y dejar la zona limpia.

Lo normal es que de encontrarse limitada la infección a la zona del absceso, una vez drenado y eliminada la infección, no se requiera mayor tratamiento. Sin embargo, como medida preventiva o en los casos en los que la infección se extiende a otros dientes o áreas, es posible que el dentista recete antibióticos e instaure un tratamiento para frenar la propagación de las bacterias. 

Como medida de apoyo y para ayudar a que la herida cicatrice y se minimicen las molestias, es muy recomendable enjuagar la boca con agua tibia y sal, así como tomar analgésicos como el ibuprofeno para aliviar el dolor. 

Los flemones son una de las causas de consulta más habituales en la clínica dental. Es fácil que se forme un absceso ante una infección bacteriana que, a priori, puede parecer mínima. Si nuestro sistema inmune esta debilitado por la razón que sea, la presencia de agentes infecciosos puede hacerse fuerte y originar una infección importante en los dientes. La prevención de la caries, es indudablemente, la mejor manera de evitar la aparición de un flemón. 

No obstante, a veces sucede lo inevitable y se crea un flemón en una muela o diente, afectado por una caries. Ante el primer signo de molestia, lo mejor es acudir al dentista para tratar la causa y eliminar el flemón lo antes posible. Huelga decir que dentro de lo doloroso que puede resultar, una vez se drena y la infección sale, los síntomas se alivian en gran medida y la recuperación, es bastante rápida 

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