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Las legumbres, el alimento que no puede faltar en tu alimentación: consejos y recomendaciones

Cuando pienso en legumbres siempre me viene a la memoria mi pueblo. Bueno concretamente mi abuela, que era la que me enseñó a comerlas. Quizás porque ella sabía que era la mejor manera de estar alimentado y sobre todo para poder sobrevivir a los 0 grados del invierno castellanos.

Perdón, me presento, me llamo Manuel y quiero contar algo sencillo. Algo que forma parte de mi vida desde hace años como os acabo de contar. Hablo de las legumbres. Durante mucho tiempo no les di importancia, hasta que recordé los consejos de mi abuela. Hoy sé que estaba equivocado cuando me negaba a comerlas y es algo que les ocurre a muchos niños.

Recuerdo que empecé a comer legumbres por necesidad cuando ya era algo más mayor. No por moda. El médico me dijo que tenía que cuidarme más. Vamos que tenía que comer mejor para tener más energía. Yo me sentía cansado casi siempre. Además, dormía mal y me faltaban fuerzas. Ahí fue cuando volví a las legumbres. A lo que comía mi madre cuando yo era niño.

Al principio fue raro. No sabía cocinarlas. Pensaba que era difícil. Que llevaba mucho tiempo. Pero poco a poco aprendí. Empecé con platos sencillos. Lentejas básicas. Garbanzos cocidos. Luego llegaron las alubias. Y ahí todo cambió.

Las alubias se quedaron conmigo. Me sentaron bien desde el primer día. Me daban saciedad. Me hacían sentir lleno pero ligero. Noté que tenía más energía. Que no picaba entre horas. Que mi digestión mejoraba. Fue un cambio pequeño, pero constante.

Las legumbres tienen muchos beneficios y aquí lo puedes comprobar. Yo los noté en mi cuerpo, pero también los entendí con el tiempo. Aportan proteínas vegetales. Tienen fibra. Ayudan al corazón. Cuidan el intestino. Son baratas y duran mucho. Eso también importa.

Las alubias, en especial, me ayudaron a ordenar mis comidas. A comer mejor sin gastar más. Me acostumbré a planificar. A dejar algo en remojo. A cocinar con calma. Ese tiempo también fue bueno para mí. Cocinar me relajó.

Desde fuera, muchas personas hablan de las legumbres como un alimento completo. En tercera persona se puede decir que las lentejas aportan hierro y ayudan a prevenir la anemia. Que los garbanzos dan energía y son muy versátiles en la cocina. Que las judías pintas o negras ayudan a regular el azúcar en sangre. Cada legumbre tiene su punto fuerte.

Para todas las edades

Los expertos también explican que las legumbres son buenas para todas las edades. Para niños. Para mayores. Para deportistas. Son una base sólida de la dieta mediterránea. Y no necesitan grandes añadidos para brillar.

Recuerdo la primera vez que hice unas alubias como es debido. A fuego lento. Con ingredientes sencillos. Agua. Verdura. Un poco de aceite. Nada más. El olor llenó la casa. Me sentí orgulloso. Era un plato humilde, pero hecho por mí.

Con el tiempo también empecé a añadir pequeños ingredientes que complementaban los platos sin complicarlos. Compro lino dorado y las espolvoreo sobre una ensalada de alubias o las mezclo con verduras salteadas. Son detalles sencillos que aportan textura y nutrientes, y que encajan muy bien con una forma de cocinar simple y natural.

Con el tiempo también aprendí algo importante. No todas las alubias son iguales. La calidad importa. Se nota en el sabor. En la textura. En cómo se cocinan. Yo lo aprendí probando. Comparando. Escuchando.

Por eso ahora, cuando quiero alubias de verdad, las compro online en Legumbres Astorga. Porque sé de dónde vienen. Porque confío en su calidad y porque sé que el resultado será bueno. No es un capricho, es una elección consciente y con muy buen gusto.

Comprar buenas legumbres cambió mi forma de cocinar. Y de comer. Ya no tengo miedo a platos sencillos. Al contrario. Los disfruto más. Las alubias de calidad se cocinan mejor. Quedan enteras. Sabrosas. No necesitan nada más.

Piel fina

En tercera persona se puede decir que las alubias de La Bañeza son valoradas por su piel fina y su cocción uniforme. Que son reconocidas por su origen y tradición. Que muchos cocineros las eligen por su fiabilidad. Todo eso es cierto.

Pero yo lo cuento desde mi plato. Desde mi día a día y desde cómo me siento después de comerlas. Me siento bien y me siento cuidado. En defintiva, me siento constante.

Las legumbres me enseñaron a escuchar mi cuerpo. A no buscar soluciones rápidas. A volver a lo básico. A lo que siempre estuvo ahí. No cambiaron mi vida de un día para otro. La mejoraron poco a poco.

Hoy, la verdad es que no concibo mi despensa sin alubias. Y todo empezó con un consejo sencillo. Come mejor. Come legumbres. Parece un eslogan pero es la realidad.

 

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