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Memoria y trauma: tratar los recuerdos que siguen afectando

La memoria permite conservar experiencias, aprendizajes y acontecimientos que forman parte de la historia personal. Sin embargo, algunas vivencias especialmente intensas pueden quedar asociadas a emociones, pensamientos o sensaciones físicas que siguen apareciendo mucho tiempo después de que la situación haya terminado. En estos casos, recordar no consiste simplemente en recuperar información del pasado: el recuerdo puede provocar una respuesta emocional similar a la que se experimentó durante el acontecimiento. Esto puede suceder después de accidentes, situaciones de violencia, abusos, pérdidas, experiencias médicas difíciles u otras circunstancias que hayan generado miedo o una sensación intensa de indefensión.

La Organización Mundial de la Salud señala que muchas personas se recuperan de forma natural, aunque otras mantienen síntomas durante meses o años. Por ello, comprender esta diferencia permite abordar el trauma sin considerar que cualquier recuerdo doloroso constituye necesariamente una enfermedad. El problema aparece cuando la experiencia pasada continúa interfiriendo de manera significativa en el presente y limita la vida cotidiana, las relaciones o la capacidad para sentirse seguro.

 

¿Qué ocurre con la memoria después de un trauma?

Cuando una experiencia se procesa adecuadamente, es posible recordar un acontecimiento doloroso sabiendo que pertenece al pasado y sin experimentar necesariamente la misma reacción que se produjo cuando ocurrió. En determinadas circunstancias, sin embargo, el recuerdo puede quedar asociado a una sensación de amenaza que continúa activándose. Una imagen, un sonido, un olor, una conversación o una situación aparentemente cotidiana pueden funcionar como desencadenantes. La persona puede saber racionalmente que está a salvo y, al mismo tiempo, experimentar miedo, tensión, angustia o bloqueo. El recuerdo parece trasladar al presente una reacción que pertenecía a una situación anterior.

Entre los síntomas del trastorno de estrés postraumático se encuentran los recuerdos intrusivos, las pesadillas, las escenas retrospectivas, la evitación de aquello que recuerda el acontecimiento y un estado de alerta elevado. Estos síntomas adquieren relevancia clínica cuando provocan un malestar considerable o interfieren en la vida cotidiana.

 

¿Puede cambiar la forma en que afecta un recuerdo?

Los acontecimientos vividos no pueden modificarse, pero sí puede cambiar la relación que una persona mantiene con determinados recuerdos. El tratamiento psicológico busca reducir respuestas de miedo, culpa, vergüenza o indefensión que permanecen vinculadas a una experiencia. Esto resulta especialmente importante cuando el recuerdo se acompaña de pensamientos negativos que siguen presentes años después. Ideas como «estoy en peligro», «fue culpa mía» o «no puedo confiar en nadie» pueden mantenerse, aunque las circunstancias hayan cambiado. El trabajo terapéutico puede ayudar a distinguir entre la amenaza que existió y la situación actual.

 

El papel de la terapia EMDR

La desensibilización y reprocesamiento mediante movimientos oculares, conocida como EMDR, es una intervención psicológica estructurada que se utiliza para trabajar experiencias traumáticas y síntomas relacionados con el estrés postraumático. Desde CPSUR se explica que esta terapia busca favorecer el procesamiento de experiencias que continúan generando malestar y facilitar una integración diferente de esos recuerdos. La finalidad no es eliminarlos, sino conseguir que pierdan parte de la intensidad emocional que puede hacer que una experiencia pasada se sienta todavía presente. Esta distinción es fundamental, ya que la memoria autobiográfica puede conservar el acontecimiento mientras disminuyen las respuestas emocionales y físicas asociadas a él. Recordar y revivir no son necesariamente lo mismo.

El proceso comienza con una evaluación de la historia personal y de las dificultades actuales. Antes de abordar determinados recuerdos, el profesional debe valorar que la persona dispone de recursos suficientes para gestionar el malestar que pueda aparecer. La intervención, por tanto, no consiste simplemente en recordar un acontecimiento y realizar movimientos oculares. La American Psychological Association explica que el EMDR utiliza un procedimiento estructurado en ocho fases, que incluyen la evaluación, la preparación, la identificación de los recuerdos relevantes, el reprocesamiento y la revisión posterior. La estimulación bilateral puede realizarse mediante movimientos oculares, sonidos alternos u otros estímulos.

La adaptación a cada persona resulta especialmente importante. No presenta las mismas características un acontecimiento aislado que una historia prolongada de violencia o experiencias adversas repetidas. También pueden influir las circunstancias actuales y otros problemas psicológicos que puedan coexistir.

 

¿Es necesario revivir lo ocurrido para superar un trauma?

Existe la idea de que superar una experiencia traumática exige contarla repetidamente y recuperar todos sus detalles. El tratamiento psicológico no tiene por qué desarrollarse de esa manera. El abordaje de los recuerdos debe realizarse de forma controlada y dentro de un contexto que permita gestionar las emociones que puedan aparecer.

La preparación constituye una parte importante del EMDR. Antes de trabajar determinados acontecimientos, pueden enseñarse estrategias para regular el malestar y recuperar un estado de mayor calma. Esto permite que la persona mantenga una conexión suficiente con el presente mientras aborda aquello que ocurrió. También es importante respetar el ritmo individual. Forzar una exposición emocional para la que una persona todavía no está preparada puede resultar contraproducente. El objetivo de una intervención profesional no es provocar sufrimiento, sino trabajar las respuestas que mantienen el problema y favorecer una recuperación progresiva.

Las recomendaciones del National Institute for Health and Care Excellence establecen que el EMDR debe realizarse mediante un procedimiento estructurado, por profesionales formados y con técnicas destinadas a gestionar los recuerdos y el malestar asociado al trauma.

 

Recuperar el presente sin borrar el pasado

La memoria cumple una función esencial, pero un recuerdo doloroso no tiene por qué conservar indefinidamente el mismo poder emocional. Cuando una experiencia traumática continúa activando miedo, culpa o indefensión, existen tratamientos psicológicos destinados a trabajar esa relación entre el pasado y el presente.

La finalidad no consiste en modificar los hechos ni eliminar una parte de la historia personal. Se trata de conseguir que el acontecimiento pueda reconocerse como algo que sucedió y que ya no está ocurriendo. Con el acompañamiento adecuado, recordar puede dejar de significar revivir.

El tratamiento del trauma requiere una valoración individual y un entorno seguro. No existe una única respuesta válida para todas las personas, pero sí intervenciones psicológicas respaldadas por la evidencia que pueden ayudar a reducir el impacto de determinadas experiencias. La recuperación no depende de olvidar lo ocurrido, sino de conseguir que ese recuerdo deje de ocupar un lugar dominante en la vida presente.

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