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BMW clásico

BMW, una de las marcas preferidas por los amantes del automóvil clásico.

Los aficionados a los coches clásicos ven al fabricante alemán como un valor atemporal y una obra maestra de la ingeniería que supera el paso del tiempo. Son muchos en todo el mundo los que compran, coleccionan y, por supuesto, conducen coches BMW fabricados en los años 70, 80 y 90.

La afición por el coche clásico es un fenómeno cultural. Es mucho más que un hobby o una pasión. En torno a ella se ha levantado un movimiento que organiza clubs por todo el mundo y planifica actividades como concentraciones o rutas que congregan a aficionados y coleccionistas que coinciden en el gusto por un modelo, una marca o un periodo histórico determinado.

Señala el blog Tecvolución que se considera coche clásico aquel que tiene más de 25 años de antigüedad. Esta catalogación no requiere una homologación, ni efectuar trámites administrativos especiales. Es un compendio que han acordado los aficionados a este tipo de coches, a nivel internacional, con la intención de poner en valor ciertos modelos y preservar la historia del automóvil.

A nivel administrativo o fiscal, los coches clásicos no gozan de ningún privilegio o de trato especial, cosa que sí sucede con los coches históricos, que deben tener una antigüedad superior a los 30 años, deben inscribirse en un registro especial de coches históricos de la DGT, pueden llevar la matrícula original y están exentos de pasar la ITV si el vehículo tiene más de 60 años de antigüedad.

El coche clásico, en cambio, puede recibir bonificaciones de algunas aseguradoras o ayuntamientos en cuanto a lo que representa como conservación del legado cultural.

De entre todos los clásicos, una marca que llama la atención es BMW. En este artículo vamos a ver por qué, vamos a conocer un poco su historia y vamos a comentar algunos de sus modelos más icónicos.

Breve historia de la marca.    

Como explica la página web oficial de BMW, esta marca no comenzó fabricando automóviles, sino motores de avión, y no empezó llamándose BMW, sino GmbH.

BMW tiene sus orígenes en 1913, cuando el ingeniero alemán Karl Rapp fundó en Múnich una empresa dedicada a la fabricación de motores. En sus primeros años, su actividad estuvo vinculada a la aviación. Uno de los proyectos más destacados fue un motor de alta compresión capaz de mantener sus prestaciones a grandes alturas. En 1917 recibió alrededor de 2.000 pedidos del ejército prusiano.

Tras la guerra, la empresa tuvo que buscar nuevas aplicaciones. Esta evolución llevó a BMW hacia el sector de las motocicletas, donde comenzó a desarrollar sus propios motores y vehículos de dos ruedas. En 1922 presentó su primera motocicleta fabricada íntegramente por la compañía, iniciando una etapa que convertiría a la fabricación de motos en una parte importante de su actividad.

Pocos años después llegó el automóvil. En 1929, BMW entró de forma decidida en este mercado mediante la adquisición de la fábrica Automobilwerk Eisenach, que proporcionó las instalaciones y los medios necesarios para producir coches en serie. A pesar de este avance, durante los años posteriores la fabricación de automóviles y motocicletas continuó teniendo un peso menor frente a la producción de motores para aviación.

La situación cambió radicalmente después de la Segunda Guerra Mundial. Con las restricciones impuestas a Alemania y la desaparición de buena parte de la demanda de motores aeronáuticos, BMW tuvo que replantear su actividad. La empresa pasó entonces a concentrar sus esfuerzos en los vehículos terrestres, especialmente automóviles, una transformación que marcaría su evolución posterior.

Precisamente, su conocimiento en el diseño y fabricación de motores y la búsqueda de la excelencia mecánica será algo que identificará a la marca hasta nuestros días.

El gusto por los coches de calidad.

Al mantenerse fiel a su filosofía, BMW ha dirigido su producción a un tipo de cliente muy concreto. Personas amantes de los coches, a las que les gusta conducir y que disfrutan llevando un volante entre sus manos.

Sus motores, la joya de la corona, han sido diseñados para facilitar una conducción suave, agradable y que permite manejar el coche con seguridad a diferentes velocidades.

El chasis y la carrocería de los vehículos están acordes con la potencia del motor. Diseños aerodinámicos que ponen fácil sacar todo su potencial al vehículo, materiales de primera calidad y medidas de seguridad que permiten que el conductor no se preocupe de otra cosa más que disfrutar conduciendo.

Aunque los BMW en su mayoría son coches elegantes, deportivos, de una línea media alta, a diferencia de otras marcas, no es en lo fundamental un símbolo de estatus social. Más bien es el reflejo de una personalidad determinada donde atender los placeres personales, en este caso el placer de conducir, es una prioridad.

Como sucede con todo en la vida, lo bueno sale caro. Y, como es lógico, conducir vehículos de una calidad como los coches BMW tiene un coste. A cambio de ello, sabes que vas a llevar en tus manos un vehículo que no va a pasar de moda. Puesto que desde que el hombre inventó los automóviles, el placer por conducirlos nunca ha desaparecido.

Ahora bien, el mantenimiento y la resolución de las averías de un BMW, y más si es un clásico, tienen sus inconvenientes. Si el conductor desea mantener las cualidades del vehículo, tiene que recurrir a piezas de recambio de la marca y a mano de obra especializada. Por suerte, la pasión por BMW no solo afecta a los conductores. También ha salpicado a los mecánicos. Encontramos talleres especializados en estos coches por todos lados, como Talleres Paiz, un taller mecánico de Granada que desde que se inauguró en el 2007 se especializó en la reparación de coches BMW y Mini. Sin olvidarse nunca de los clásicos. Uno de los decenas de talleres especializados en BMW que encontramos por España.

BMW M3 E30. 

Al hablar de modelos clásicos de BMW, la página web Periodismo del Motor coloca este modelo en el primer puesto. Un coche que salió al mercado en 1986 y que, tanto por diseño como por eficiencia mecánica, refleja a la perfección el espíritu de BMW.

El BMW M3 E30 es uno de los modelos clásicos más importantes de la historia de la marca y el origen de una saga que continúa actualmente. Su reducido peso, de apenas 1.200 kilos, combinado con un motor de 200 CV, le proporcionaba una respuesta ágil y un comportamiento especialmente divertido. Su configuración permitía disfrutar de una conducción deportiva y exigente, convirtiéndolo en un referente entre los aficionados a los deportivos de la época. Más allá de sus prestaciones, el M3 E30 adquirió un enorme valor cultural dentro del mundo del automóvil. Su diseño, con una estética fácilmente reconocible, terminó convirtiéndose en una de las imágenes más representativas de BMW y en un modelo de culto para coleccionistas y aficionados.

BMW M636 CSi.

Otro modelo icónico es el BMW 636 CSi, que se presentó por primera vez en la Feria del Automóvil de Frankfurt en septiembre de 1983 y se puso a la venta a principios de 1984.

El BMW M635 CSi fue uno de los modelos que consolidó la fórmula del gran coupé deportivo de altas prestaciones dentro de BMW. Basado en la Serie 6, combinaba la elegancia de una carrocería de dos puertas con las características mecánicas de un deportivo. Su motor de seis cilindros en línea y 3,5 litros desarrollaba 286 CV en su configuración M, una mecánica heredada de la línea BMW M1. Este coche era capaz de alcanzar velocidades superiores a los 250 km/h, dependiendo de la versión y el mercado.

Estas cifras lo situaban entre los automóviles europeos más rápidos de su época. Su comportamiento, unido a la calidad de construcción y al diseño característico de la Serie 6, convirtió al M635 CSi en un vehículo especialmente atractivo para quienes buscaban prestaciones sin renunciar al confort de un gran turismo.

Su aparición también tuvo un efecto importante en la imagen deportiva de BMW. Demostró que un coupé de lujo podía ofrecer un rendimiento cercano al de los coches deportivos, pero manteniendo la posibilidad de utilizarlo como automóvil de uso cotidiano. La producción terminó en 1989, dejando tras de sí un modelo que posteriormente se convertiría en una pieza apreciada por coleccionistas y aficionados a los clásicos.

BMW 733i.

El cine y la televisión convierten a determinados coches en iconos culturales, como el Aston Martin que suele conducir James Bond o el DeLorean de “Regreso al futuro”. BMW, en este sentido, no es ninguna excepción. El BMW 733i, en un modelo color burdeos, es el coche que lleva Steve Harrington, el arrogante niño rico de la serie Stranger Things. Esto ha tenido una repercusión cultural, tal y como señala la revista mexicana Líderes.

El BMW Serie 7 apareció a finales de la década de 1970 como la nueva gran berlina de BMW. Su primera generación, conocida internamente como E23, combinaba el lujo y el confort propios de un vehículo de alta gama con una orientación claramente deportiva. Desde sus comienzos, el modelo se convirtió en un referente dentro de la categoría por su tecnología, calidad de construcción y comportamiento dinámico.

Uno de los ejemplos más destacados fue el BMW 733i, que llamó especialmente la atención de la prensa especializada de la época por la forma en que conseguía combinar comodidad y prestaciones. El periodista Rich Ceppos, de la revista inglesa Car and Driver, destacó en 1980 la extraordinaria agilidad del vehículo para tratarse de una berlina de grandes dimensiones. Su capacidad para afrontar curvas con precisión y una respuesta rápida a las órdenes del conductor hacían que su conducción resultara mucho más dinámica de lo que podía sugerir su apariencia exterior.

Esta combinación tuvo un efecto importante en la imagen del Serie 7. BMW consiguió demostrar que una berlina de lujo no tenía por qué limitarse a ofrecer comodidad y refinamiento, sino que también podía proporcionar sensaciones propias de un automóvil deportivo. El conductor encontraba un habitáculo tranquilo y confortable, pero al mismo tiempo disponía de un chasis capaz de responder con agilidad cuando aumentaba el ritmo.

El E23 estableció así una de las características que definirían posteriormente la Serie 7: aunar presencia, tecnología y confort con el tradicional carácter dinámico de BMW.

Hoy este coche, y más después de su aparición en Stranger Things, se ha convertido en una joya de coleccionista.

BMW M1.

No podemos terminar este repaso a los clásicos del fabricante alemán sin mencionar el BMW 1, un deportivo que marcó un hito para la marca tanto en el diseño como, sobre todo, en el motor.

El BMW M1 es uno de los automóviles más singulares e importantes de la historia de BMW. Es el primer modelo desarrollado por BMW Motorsport, una línea de automóviles de competición. Su diseño fue obra de Giorgetto Giugiaro, que creó una carrocería de líneas angulosas y proporciones muy bajas que todavía conserva un marcado atractivo. El modelo, identificado internamente como E26, se fabricó entre 1978 y 1981 y tuvo una producción limitada: se construyeron aproximadamente 450 unidades de calle, lo que contribuyó posteriormente a convertirlo en una pieza muy cotizada entre los coleccionistas.

En el apartado mecánico, el M1 incorporaba un motor de seis cilindros en línea y 3,5 litros, colocado en posición central trasera. Desarrollaba alrededor de 277 CV en la versión de carretera y estaba asociado a una transmisión manual de cinco velocidades. Esta configuración proporcionaba un comportamiento especialmente equilibrado y permitía alcanzar los 260 km/h, cifras que lo situaban entre los grandes deportivos europeos de finales de los setenta.

El M1 también tuvo una importante relación con la competición. BMW desarrolló para él la serie Procar, en la que participaron pilotos de Fórmula 1 durante 1979 y 1980. Aquellas carreras contribuyeron a reforzar su imagen como automóvil de altas prestaciones.

Su exclusividad, su diseño y su importancia histórica hicieron que trascendiera el mundo del automóvil. El M1 terminó convirtiéndose en un icono cultural y artístico, hasta el punto de que es considerado por algunos aficionados como uno de los coches más emblemáticos de la segunda mitad del siglo XX.

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